Sólo hay una necesidad: esa necesidad es amar. Cuando alguien descubre eso, ¡es transformado!
- Anthony de Mello -
Creo que todos, en nuestro camino de crecimiento, nos hemos topado por lo menos una vez con la frase “me amo y me acepto tal como soy” y seguramente hemos escuchado que todo comienza con el amor por uno mismo. Este amarse a uno mismo puede incluir por supuesto, hacerte un regalo, darte unas vacaciones, quedarte hasta más tarde en la cama, tomarte un día libre y disminuir la cantidad o intensidad de las exigencias para con tu persona.
Sin embargo, hay un nivel más profundo de amarse a sí mismo y tiene que ver con reconocer, aceptar y amar todas esas partes que no te gustan de ti o que consideras inapropiadas o que no se ajustan a lo que la sociedad o los demás esperan de ti. Tiene mucho que ver con la imagen que quieres proyectar porque te han dicho que es la apropiada versus lo que en realidad consideras que eres y los juicios que te haces al respecto. Tiene que ver con tus diálogos interiores, con la manera en la que te tratas y enjuicias y, por supuesto, es una dinámica que ocurre dentro de ti y que la mayoría de las veces ni siquiera detectas.
El verdadero amor por tí mismo, el que obrará milagros en tu vida, que te sanará y te mostrará quien en realidad eres, es un amor incondicional. Es decir, no es que te amas porque lograste algo o te comportaste de una manera en particular o porque tienes ciertos atributos de personalidad que consideras importantes y que otros alaban. Te amas porque te amas, con todo lo que aparentemente eres, haces y logras y con todo lo que aparentemente no eres, ni haces, ni logras. Es un amor por ti, por estar vivo, por simplemente ser.
Todos alguna vez nos quejamos de que nuestros padres nos educaron de cierta manera y sentimos que nos daban su cariño y aprobación si lográbamos algo o si nos comportábamos de cierta manera. La pregunta sería ¿lo estamos haciendo nosotros de una manera diferente, nos amamos incondicionalmente?
Lo paradójico es que cuando realmente te comienzas a aceptar y amar sin condiciones, tal como eres, vas a sentir más paz, alegría y muchas de las situaciones por las que te juzgabas y que no te permitían amarte totalmente, comienzan a transformarse fácilmente y sin esfuerzo.
Revisa tus diálogos interiores y la actitud contigo mismo. Por ejemplo:
- Constantemente sientes que si no hubieras hecho o dejado de hacer “algo” en el pasado estarías mejor y te reprochas por eso
- Estás en “guerra” con algún hábito como fumar, dormir o comer demasiado, postergar, ser impuntual, etc. y sientes que esos hábitos son un “tu” defecto
- Estás en conflicto con tu apariencia física, muy alto, bajo, gordo, flaco, bello, no bello
- Te reprochas porque no eres paciente, amoroso, buen niño, pacífico, sincero, tolerante y cualquier otro atributo que consideras apropiado y te gustaría tener
- Estás en conflicto con normas sociales que indican que ya deberías haberte casado o que ya tendrías que tener cierta libertad financiera o cualquier otra convención o norma que no has logrado
La lista podría ser inmensa, pero en general se resume en algo: no aceptas lo que simplemente eres, lo que es, lo que está aquí y ahora en tu vida. Te estás peleando con lo que es. Quieres que algo sea diferente para que entonces el amor fluya y de esa manera le pones condiciones a tu amor.
Puedes pensar, pero si acepto y amo mi compulsión por la comida y amo mi cuerpo tal como es ahora, ¡nunca lograré bajar de peso! Sin embargo, es desde la aceptación y la paz con lo que es, que la verdadera transformación se produce. Cuando el amor fluye sin condiciones y estás en paz con lo que simplemente eres, desde ese espacio de amor, surgirá lo que sea necesario para el siguiente instante de tu presente.
No hay nada malo en ti, no eres defectuoso, comienza a aceptarte y amarte tal como eres, justo aquí, justo ahora y me cuentas lo que sucede en el siguiente instante presente.
Verónica Hernández Simeonoff
© Todos los derechos reservados, Abril del 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
jueves, 24 de marzo de 2011
Iluminación
La iluminación es la propia naturaleza de las cosas. Pero eso es algo que nunca se ha dicho; al contrario, las mentes de las personas se han corrompido por haber creado metas contrarias a la naturaleza, otorgándoles nombres como "supernaturaleza".
El hombre cayó en esa trampa por una razón muy simple: la naturaleza de las cosas ya está donde tu estás. No es una diversión ni un desafío, ni una invitación a poner tu ego a prueba. No es una estrella lejana. Para nutrirse, la mente necesita algo que sea muy difícil, algo que sea casi imposible. Solo cuando alcanzas lo imposible puedes sentir que eres alguien especial.
La iluminación no es un talento. No es un don para la pintura, para la poesía o para la ciencia, con el que uno nace; esos son talentos. La iluminación es simplemente la propia fuente de vida de todos y cada uno.
Para encontrarla, ni siquiera tienes que salir de tu casa. En cuanto sales de tu casa a buscarla, te estás alejando, y quién sabe cuándo serás capaz de regresar a tu casa.
La iluminación no es otra cosa que darse cuenta del hecho de que "yo soy lo que siempre he querido ser, y nunca he sido otra cosa ni lo podría ser, nunca".
Osho, Creer en lo imposible antes del desayuno
El hombre cayó en esa trampa por una razón muy simple: la naturaleza de las cosas ya está donde tu estás. No es una diversión ni un desafío, ni una invitación a poner tu ego a prueba. No es una estrella lejana. Para nutrirse, la mente necesita algo que sea muy difícil, algo que sea casi imposible. Solo cuando alcanzas lo imposible puedes sentir que eres alguien especial.
La iluminación no es un talento. No es un don para la pintura, para la poesía o para la ciencia, con el que uno nace; esos son talentos. La iluminación es simplemente la propia fuente de vida de todos y cada uno.
Para encontrarla, ni siquiera tienes que salir de tu casa. En cuanto sales de tu casa a buscarla, te estás alejando, y quién sabe cuándo serás capaz de regresar a tu casa.
La iluminación no es otra cosa que darse cuenta del hecho de que "yo soy lo que siempre he querido ser, y nunca he sido otra cosa ni lo podría ser, nunca".
Osho, Creer en lo imposible antes del desayuno
lunes, 14 de marzo de 2011
La Broma Cósmica
No hay truco para vivir en el momento presente. No tiene que ser un asunto largo, demarcado. Ni siquiera necesitamos etiquetarlo como un “viaje espiritual”. De hecho, el término viaje espiritual es una contradicción ridícula. No se requiere de un “viaje” para alcanzar el momento presente, y el momento presente es lo único verdaderamente espiritual o real que existe.
Puede accederse a él inmediatamente. No tienes que tomar un curso para aprender cómo hacerlo. No necesitas que un gurú te lleve allí. No necesitas cantar, o recitar el “om”, o volverte vegetariano para experimentarlo. No tienes que rasurar tu cabeza, quemar incienso, llevar cristales, o vivir una vida de renunciación para llegar allí.
Y aunque no hay nada malo en hacer estas cosas, si las estás hacienda porque piensas que te harán “más espiritual” – piensa otra vez. No será así.
El momento presente solamente es. Y es para todos si estamos dispuestos a simplemente NOTARLO.
En resumen, todos simplemente queremos ser felices, sentirnos satisfechos, y sentirnos amados. Nos ponemos en increíbles y frecuentemente dolorosos giros en un intento por conseguir este honesto anhelo en nuestros corazones, cuando todo lo que necesitamos hacer es simplemente sentir ese anhelo y dejar que nos lleve al hogar.
Hogar para el Alma…
Hogar para el momento presente…
Hogar para la Belleza de Ser…
Esto es vivir el momento presente, y es el único lugar en donde seremos capaces de cumplir nuestro deseo de genuina felicidad, alegría, y amor, porque el único lugar en el que existen es en el interior, y cuando estamos viviendo desde allí, estamos viviendo el momento presente.
Es verdad que frecuentemente nos toma a muchos de nosotros toda una vida entera de viajes y caídas para llegar a darnos cuenta de esto, pero eso no convierte nuestra vida en un “viaje espiritual”. Una descripción más honesta sería “¡el berrinche del sordo, ciego y testarudo ego!”
El Espíritu está justo allí todo el tiempo. La puerta hacia el deseo de nuestros corazones siempre está allí, Y siempre está abierta. Es la astuta, fuerte y manipuladora voz de nuestro ego la que seguimos escuchando, la cual también, desafortunadamente, sucede que es todavía la voz dominante de nuestra conciencia masiva, aunque está cambiando rápidamente ahora. No es difícil ver cómo hemos sido llevados tan fácilmente a descarriarnos de nuestra fuente… nuestra alma.
Convertirse en real, en natural y auténtico, requiere de la comprensión y la experiencia de quienes somos realmente, y lo que somos realmente es Espíritu.
En mi propia vida, frecuentemente se ha sentido como vivir esta verdad en un mundo aún profundamente enredado en la mente del ego, ha sido como intentar voltear el Titanic. Ha sido como tratar de nadar contra corriente. Pero de lo que he llegado a darme cuenta es las aparentes penurias, cansancio, e increíble resistencia que parecieran requerirse para alcanzar la Belleza de Ser han sido simplemente la resistencia mental de mi ego a caminar a través de esa puerta abierta que el Espíritu me ha mantenido abierta desde siempre. Siempre tuve acceso inmediato. Nunca se requirió un largo y difícil viaje.
Mi mente del ego se había resistido, porque si caminaba a través de esa puerta, entonces mi ego y mi alma se unirían, se volverían Uno, y mi mente del ego odia absolutamente el hecho de dejar de ser especial, singular, jefe y superior. Patearía, gritaría, pelearía, incluso crearía enfermedades o accidentes para seguir en su conocido y familiar, y tan aburrido mundo centrado en el drama.
De lo que no se da cuenta es de que una vez que cruza ese umbral hacia el desconocido y misterioso mundo del Espíritu, finalmente se siente en casa. Finalmente se siente unido. Puede finalmente dejar ir, confiar y relajarse. Puede finalmente sentirse humilde en lugar de especial. Puede finalmente sentirse pleno, porque el mundo del Espíritu es pleno, es infinito, es creación, es todo. Es puro Ser, y es hermoso.
Cuando tomamos una elección de rendirnos y dejar ir, cuando decidimos dejar que La Voluntad Del Espíritu Se Hará, cuando finalmente hayamos tenido suficiente de la vida de la manera difícil y piramos al Espíritu que nos ayude, se vuelve aparente y obviamente claro cómo, como niños consentidos y berrinchudos, nos hemos negado a escuchar el consejo de nuestros padres y de repente nos hemos dado cuenta de cuándo hemos sufrido a causa de eso. Después simplemente se vuelve una graciosa broma cósmica, que si verdaderamente dejamos ir y nos rendimos, somos capaces de reír, y reír, y reír hasta llorar de la ridícula y absurda manera en la que hemos justificadamente mantenido nuestras inmaduras convicciones e ilusiones de Mi Voluntad Se Hará. Como si así fuera.
Si. Es la mayor broma jamás hecha. ¡No olvides reírte de ti mismo camino a casa! Eso es otra cosa en cuanto a vivir en el momento presente… nada es nunca tan serio.
Por Por Heather Fraser, email: engoddess@porchlight.ca
Puede accederse a él inmediatamente. No tienes que tomar un curso para aprender cómo hacerlo. No necesitas que un gurú te lleve allí. No necesitas cantar, o recitar el “om”, o volverte vegetariano para experimentarlo. No tienes que rasurar tu cabeza, quemar incienso, llevar cristales, o vivir una vida de renunciación para llegar allí.
Y aunque no hay nada malo en hacer estas cosas, si las estás hacienda porque piensas que te harán “más espiritual” – piensa otra vez. No será así.
El momento presente solamente es. Y es para todos si estamos dispuestos a simplemente NOTARLO.
En resumen, todos simplemente queremos ser felices, sentirnos satisfechos, y sentirnos amados. Nos ponemos en increíbles y frecuentemente dolorosos giros en un intento por conseguir este honesto anhelo en nuestros corazones, cuando todo lo que necesitamos hacer es simplemente sentir ese anhelo y dejar que nos lleve al hogar.
Hogar para el Alma…
Hogar para el momento presente…
Hogar para la Belleza de Ser…
Esto es vivir el momento presente, y es el único lugar en donde seremos capaces de cumplir nuestro deseo de genuina felicidad, alegría, y amor, porque el único lugar en el que existen es en el interior, y cuando estamos viviendo desde allí, estamos viviendo el momento presente.
Es verdad que frecuentemente nos toma a muchos de nosotros toda una vida entera de viajes y caídas para llegar a darnos cuenta de esto, pero eso no convierte nuestra vida en un “viaje espiritual”. Una descripción más honesta sería “¡el berrinche del sordo, ciego y testarudo ego!”
El Espíritu está justo allí todo el tiempo. La puerta hacia el deseo de nuestros corazones siempre está allí, Y siempre está abierta. Es la astuta, fuerte y manipuladora voz de nuestro ego la que seguimos escuchando, la cual también, desafortunadamente, sucede que es todavía la voz dominante de nuestra conciencia masiva, aunque está cambiando rápidamente ahora. No es difícil ver cómo hemos sido llevados tan fácilmente a descarriarnos de nuestra fuente… nuestra alma.
Convertirse en real, en natural y auténtico, requiere de la comprensión y la experiencia de quienes somos realmente, y lo que somos realmente es Espíritu.
En mi propia vida, frecuentemente se ha sentido como vivir esta verdad en un mundo aún profundamente enredado en la mente del ego, ha sido como intentar voltear el Titanic. Ha sido como tratar de nadar contra corriente. Pero de lo que he llegado a darme cuenta es las aparentes penurias, cansancio, e increíble resistencia que parecieran requerirse para alcanzar la Belleza de Ser han sido simplemente la resistencia mental de mi ego a caminar a través de esa puerta abierta que el Espíritu me ha mantenido abierta desde siempre. Siempre tuve acceso inmediato. Nunca se requirió un largo y difícil viaje.
Mi mente del ego se había resistido, porque si caminaba a través de esa puerta, entonces mi ego y mi alma se unirían, se volverían Uno, y mi mente del ego odia absolutamente el hecho de dejar de ser especial, singular, jefe y superior. Patearía, gritaría, pelearía, incluso crearía enfermedades o accidentes para seguir en su conocido y familiar, y tan aburrido mundo centrado en el drama.
De lo que no se da cuenta es de que una vez que cruza ese umbral hacia el desconocido y misterioso mundo del Espíritu, finalmente se siente en casa. Finalmente se siente unido. Puede finalmente dejar ir, confiar y relajarse. Puede finalmente sentirse humilde en lugar de especial. Puede finalmente sentirse pleno, porque el mundo del Espíritu es pleno, es infinito, es creación, es todo. Es puro Ser, y es hermoso.
Cuando tomamos una elección de rendirnos y dejar ir, cuando decidimos dejar que La Voluntad Del Espíritu Se Hará, cuando finalmente hayamos tenido suficiente de la vida de la manera difícil y piramos al Espíritu que nos ayude, se vuelve aparente y obviamente claro cómo, como niños consentidos y berrinchudos, nos hemos negado a escuchar el consejo de nuestros padres y de repente nos hemos dado cuenta de cuándo hemos sufrido a causa de eso. Después simplemente se vuelve una graciosa broma cósmica, que si verdaderamente dejamos ir y nos rendimos, somos capaces de reír, y reír, y reír hasta llorar de la ridícula y absurda manera en la que hemos justificadamente mantenido nuestras inmaduras convicciones e ilusiones de Mi Voluntad Se Hará. Como si así fuera.
Si. Es la mayor broma jamás hecha. ¡No olvides reírte de ti mismo camino a casa! Eso es otra cosa en cuanto a vivir en el momento presente… nada es nunca tan serio.
Por Por Heather Fraser, email: engoddess@porchlight.ca
martes, 8 de marzo de 2011
El Gran Camino
El gran camino es fácil. Es lo que se revela aquí mismo, ahora mismo. “Lava los platos”. “Contesta el correo electrónico”. “No contestes el correo electrónico”. Es el Gran Camino porque es el único camino. Lo que haces o no haces es tu contribución a la realidad. Nada podría ser más fácil. No se requiere de otra cosa; no puedes equivocarte.
Las sendas secundarias son tus juicios acerca de lo que estás haciendo o no haciendo. La vida se vuelve sumamente difícil cuando calificas lo que haces de “equivocado”, “estúpido” o “innecesario”, cuando desprecias lo que hiciste después de haberlo hecho. Comparar lo que has hecho con lo que deberías haber hecho, creer que necesitas estar a la altura de algún estándar externo, es un sendero difícil. Lo que es, es siempre cómo debe ser ahora mismo, y siempre es la historia de un pasado. Puedes discutir con el pasado todo lo que quieras, y después de que encuentres las mejores, más persuasivas y más humanas razones del mundo de que algo debería haber sido diferente, el pasado sigue siendo lo que es.
Aprende del pasado, por supuesto; pero si sientes cualquier culpa o vergüenza acerca de él, sólo estás violentándote a ti mismo, y la violencia no funciona. El camino claro, el Gran Camino, es empezar ahora.
Byron Katie, Del libro “Mil nombres para el gozo"
Las sendas secundarias son tus juicios acerca de lo que estás haciendo o no haciendo. La vida se vuelve sumamente difícil cuando calificas lo que haces de “equivocado”, “estúpido” o “innecesario”, cuando desprecias lo que hiciste después de haberlo hecho. Comparar lo que has hecho con lo que deberías haber hecho, creer que necesitas estar a la altura de algún estándar externo, es un sendero difícil. Lo que es, es siempre cómo debe ser ahora mismo, y siempre es la historia de un pasado. Puedes discutir con el pasado todo lo que quieras, y después de que encuentres las mejores, más persuasivas y más humanas razones del mundo de que algo debería haber sido diferente, el pasado sigue siendo lo que es.
Aprende del pasado, por supuesto; pero si sientes cualquier culpa o vergüenza acerca de él, sólo estás violentándote a ti mismo, y la violencia no funciona. El camino claro, el Gran Camino, es empezar ahora.
Byron Katie, Del libro “Mil nombres para el gozo"
viernes, 4 de marzo de 2011
La realización del Ser no requiere esfuerzo
En una charla anterior, dijo usted que la realización de lo que realmente somos no requiere ningún esfuerzo. Pero si queremos aprender a tocar el piano, deberemos practicar mucho antes de llegar a hacerlo sin esfuerzo. Si el esfuerzo se aplica a los objetos limitados, ¿por qué no debería aplicarse a lo infinito?
Aprendemos a tocar el piano observando una representación de la música e intentando exteriorizarla en el piano. Esto no requiere ningún esfuerzo. La primera vez que tocas una pieza, adviertes lo que sucede. Observando la posición de tus manos, observando la forma en que suena la música, vas entrando progresivamente en contacto con ella. Al tocarla por segunda vez, comienzas a discernir lo que puede estar impidiendo una perfecta ejecución de la pieza. Y la tercera vez, la tocas perfectamente.
De la misma forma llegas a realizar tu naturaleza real. Primero hay observación, la cual aporta un discernimiento que conduce a la visión espontánea. Nada de esto requiere esfuerzo. La palabra «esfuerzo» implica intención, voluntad de realizar algún fin. Pero este fin es una proyección del pasado, de la memoria, y así dejamos de estar presentes al momento actual. Puede ser exacto hablar de una «recta atención» en el sentido de escucha incondicionada, pero esta atención es diametralmente opuesta al esfuerzo en tanto que es enteramente libre de orientación, motivación y proyección. En la recta atención nuestra escucha es incondicionada; no existe la imagen de una persona que impida una audición global. No está limitada al oído, es la totalidad del cuerpo la que oye. Está completamente al margen de la relación sujeto-objeto. La escucha sucede, pero nada es oído y nadie escucha. Y como la escucha incondicionada es nuestra naturaleza real, llegamos a conocernos a nosotros mismos en la escucha.
Rara vez escuchamos realmente. Vivimos más o menos continuamente en el proceso del devenir. Proyectamos una imagen de ser alguien y nos identificamos con ella. Y en tanto nos tomamos por una entidad independiente, hay un hambre continuo, un sentimiento de falta de integridad. El ego está constantemente buscando su realización y su seguridad, y de ahí su perpetua necesidad de llegar a ser, de realizar, de alcanzar. De esta forma, nunca contactamos realmente con la vida, pues ésta requiere apertura a cada instante. En esta apertura, la agitación provocada por el intento de llenar una ausencia en ti mismo llega a su fin, y en la quietud que resulta te encuentras ante tu integridad. Sin una imagen de ti mismo, eres realmente uno con la vida y con el movimiento de la inteligencia. Sólo entonces podemos hablar de acción espontánea. Todos conocemos momentos en que la inteligencia pura, libre de interferencias psicológicas, surge; pero, tan pronto como retomamos la imagen de ser alguien, cuestionamos la intuición preguntando si es acertada o errónea, buena o mala para nosotros, y así sucesivamente.
Cualquier cosa que hacemos intencionadamente pertenece al ego-yo y, aunque aparezca como acción, es realmente reacción. Sólo lo que espontáneamente surge del silencio es acción y tal acción no deja residuos. Ni siquiera puedes recordarla. La acción intencionada del ego-yo siempre deja residuos que más tarde podemos llamar enfermedad. En la espontaneidad, la acción ocurre pero nadie actúa. No hay estrategia ni preparación. Hay sólo conciencia libre de la agitación y la memoria y en esta quietud toda acción es espontánea, porque cada situación es parte de tu apertura y ella misma te dice exactamente cómo proceder. La acción real no surge del razonamiento sino de la observación receptiva. Por ejemplo, cuando ves un niño pequeño cruzando la calle, no te detienes a pensar: «¿pediré ayuda, iré y lo recogeré, lo dejaré sólo?» Actúas. Incluso aunque hayas realizado veinte veces esta acción, es nueva cada vez. Pertenece absolutamente al momento.
Jean Klein, La sencillez de Ser
Aprendemos a tocar el piano observando una representación de la música e intentando exteriorizarla en el piano. Esto no requiere ningún esfuerzo. La primera vez que tocas una pieza, adviertes lo que sucede. Observando la posición de tus manos, observando la forma en que suena la música, vas entrando progresivamente en contacto con ella. Al tocarla por segunda vez, comienzas a discernir lo que puede estar impidiendo una perfecta ejecución de la pieza. Y la tercera vez, la tocas perfectamente.
De la misma forma llegas a realizar tu naturaleza real. Primero hay observación, la cual aporta un discernimiento que conduce a la visión espontánea. Nada de esto requiere esfuerzo. La palabra «esfuerzo» implica intención, voluntad de realizar algún fin. Pero este fin es una proyección del pasado, de la memoria, y así dejamos de estar presentes al momento actual. Puede ser exacto hablar de una «recta atención» en el sentido de escucha incondicionada, pero esta atención es diametralmente opuesta al esfuerzo en tanto que es enteramente libre de orientación, motivación y proyección. En la recta atención nuestra escucha es incondicionada; no existe la imagen de una persona que impida una audición global. No está limitada al oído, es la totalidad del cuerpo la que oye. Está completamente al margen de la relación sujeto-objeto. La escucha sucede, pero nada es oído y nadie escucha. Y como la escucha incondicionada es nuestra naturaleza real, llegamos a conocernos a nosotros mismos en la escucha.
Rara vez escuchamos realmente. Vivimos más o menos continuamente en el proceso del devenir. Proyectamos una imagen de ser alguien y nos identificamos con ella. Y en tanto nos tomamos por una entidad independiente, hay un hambre continuo, un sentimiento de falta de integridad. El ego está constantemente buscando su realización y su seguridad, y de ahí su perpetua necesidad de llegar a ser, de realizar, de alcanzar. De esta forma, nunca contactamos realmente con la vida, pues ésta requiere apertura a cada instante. En esta apertura, la agitación provocada por el intento de llenar una ausencia en ti mismo llega a su fin, y en la quietud que resulta te encuentras ante tu integridad. Sin una imagen de ti mismo, eres realmente uno con la vida y con el movimiento de la inteligencia. Sólo entonces podemos hablar de acción espontánea. Todos conocemos momentos en que la inteligencia pura, libre de interferencias psicológicas, surge; pero, tan pronto como retomamos la imagen de ser alguien, cuestionamos la intuición preguntando si es acertada o errónea, buena o mala para nosotros, y así sucesivamente.
Cualquier cosa que hacemos intencionadamente pertenece al ego-yo y, aunque aparezca como acción, es realmente reacción. Sólo lo que espontáneamente surge del silencio es acción y tal acción no deja residuos. Ni siquiera puedes recordarla. La acción intencionada del ego-yo siempre deja residuos que más tarde podemos llamar enfermedad. En la espontaneidad, la acción ocurre pero nadie actúa. No hay estrategia ni preparación. Hay sólo conciencia libre de la agitación y la memoria y en esta quietud toda acción es espontánea, porque cada situación es parte de tu apertura y ella misma te dice exactamente cómo proceder. La acción real no surge del razonamiento sino de la observación receptiva. Por ejemplo, cuando ves un niño pequeño cruzando la calle, no te detienes a pensar: «¿pediré ayuda, iré y lo recogeré, lo dejaré sólo?» Actúas. Incluso aunque hayas realizado veinte veces esta acción, es nueva cada vez. Pertenece absolutamente al momento.
Jean Klein, La sencillez de Ser
lunes, 28 de febrero de 2011
Inspiración
Recuerda: tú, en realidad, no eres la charla que oyes dentro de tu cabeza; eres el Ser que oye esa charla. Bill Harvey
Ken Wilber señala un ejercicio para despertar la el Testigo Consciente que se formula así:
Tengo un cuerpo pero no soy mi cuerpo. Puedo ver y sentir, y lo que se puede ver y sentir no es el auténtico Ser que ve. Mi cuerpo puede estar cansado y excitado, enfermo o sano, sentirse ligero o pesado, y eso no tiene nada que ver con mi yo interior. Tengo un cuerpo y no soy mi cuerpo.
Tengo deseos, pero no soy mis deseos Puedo conocer mis deseos y lo que se puede conocer, no es el auténtico Conocedor. Los deseos van y vienen, flotan en mi conciencia y no afectan a mi yo interior. Tengo deseos, y no soy mis deseos. Tengo emociones pero no soy mis emociones. Puedo percibir y sentir mis emociones y lo que se puede percibir y sentir no es el auténtico Perceptor. Las emociones pasan a través de mí, pero no afectan a mi yo interior. Tengo emociones y no soy mis emociones.
Tengo pensamientos pero no soy mis pensamientos. Puedo conocer e intuir mis pensamientos, y lo que puede ser conocido no es el auténtico Conocedor. Los pensamientos vienen a mí y luego me abandonan, y no afectan a mi yo interior. Tengo pensamientos pero no soy mis pensamientos. Soy lo que queda, un puro centro de percepción consciente.
Un testigo inmóvil de todos esos pensamientos, emociones, sentimientos y deseos.
Las escuelas de crecimiento interior afirman que si una persona, cada mañana al despertar y a lo largo de 40 días, persevera en la formulación de este texto, experimentará cambios extraordinarios en la consciencia de su propia identidad. A los pocos días de practicar se observará capaz de mantener un lúcido estado de sosiego en situaciones que anteriormente se vivían como tensas y agitadas. Y conforme se vayan recitando las palabras haciendo consciente su significado, descubrirá que sus emociones, de aversión y de fascinación, se equilibran y se templan. Tras el período de cuarentena, la persona considerará los extremos emocionales tan sólo como olas periféricas y superficiales de la conciencia. Observará que ha despertado la propia identidad Testigo, un estado desde el cual la vida se contempla de manera más ecuánime, sin perder las risas ni las lágrimas de nuestra calidad interna.
Una vez instalado en el Testigo, sucederá que cuando brote el vaivén de sus luces y sombras, usted será espectador de sus tendencias. Si surge una aversión a ese sentimiento, asimismo será usted veedor del mismo. Si la aversión le provoca a su vez aversión, también observará dicho bucle de fuerzas internas. No hay nada que hacer, pero si surge un hacer, lo presenciará en calma. Al entender que todo ello no es “usted”, ya no rechazará sus aflicciones ni se complacerá en ellas.
Aquello que conoce ciertas cosas, no puede tener en su propia naturaleza ninguna de ellas. Es decir, que si por ejemplo, nuestro ojo fuese de color rojo, no sería capaz de percibir los objetos rojos. Asimismo el pez no es consciente del agua, hasta que salta a la superficie y se da cuenta. Hasta que no saltamos por encima de las mareas del pensamiento y lo observamos, no nos percatamos de que no “somos” el pensamiento, sino el Testigo que lo observa. Hasta que no saltemos fuera del océano de la aflicción, no nos daremos cuenta de que no somos la aflicción, sino el Testigo de esa aflicción. El problema está en que el que ve, se identifica con los instrumentos de la visión.
José María Doria, de su libro "Inteligencia del Alma"
Ken Wilber señala un ejercicio para despertar la el Testigo Consciente que se formula así:
Tengo un cuerpo pero no soy mi cuerpo. Puedo ver y sentir, y lo que se puede ver y sentir no es el auténtico Ser que ve. Mi cuerpo puede estar cansado y excitado, enfermo o sano, sentirse ligero o pesado, y eso no tiene nada que ver con mi yo interior. Tengo un cuerpo y no soy mi cuerpo.
Tengo deseos, pero no soy mis deseos Puedo conocer mis deseos y lo que se puede conocer, no es el auténtico Conocedor. Los deseos van y vienen, flotan en mi conciencia y no afectan a mi yo interior. Tengo deseos, y no soy mis deseos. Tengo emociones pero no soy mis emociones. Puedo percibir y sentir mis emociones y lo que se puede percibir y sentir no es el auténtico Perceptor. Las emociones pasan a través de mí, pero no afectan a mi yo interior. Tengo emociones y no soy mis emociones.
Tengo pensamientos pero no soy mis pensamientos. Puedo conocer e intuir mis pensamientos, y lo que puede ser conocido no es el auténtico Conocedor. Los pensamientos vienen a mí y luego me abandonan, y no afectan a mi yo interior. Tengo pensamientos pero no soy mis pensamientos. Soy lo que queda, un puro centro de percepción consciente.
Un testigo inmóvil de todos esos pensamientos, emociones, sentimientos y deseos.
Las escuelas de crecimiento interior afirman que si una persona, cada mañana al despertar y a lo largo de 40 días, persevera en la formulación de este texto, experimentará cambios extraordinarios en la consciencia de su propia identidad. A los pocos días de practicar se observará capaz de mantener un lúcido estado de sosiego en situaciones que anteriormente se vivían como tensas y agitadas. Y conforme se vayan recitando las palabras haciendo consciente su significado, descubrirá que sus emociones, de aversión y de fascinación, se equilibran y se templan. Tras el período de cuarentena, la persona considerará los extremos emocionales tan sólo como olas periféricas y superficiales de la conciencia. Observará que ha despertado la propia identidad Testigo, un estado desde el cual la vida se contempla de manera más ecuánime, sin perder las risas ni las lágrimas de nuestra calidad interna.
Una vez instalado en el Testigo, sucederá que cuando brote el vaivén de sus luces y sombras, usted será espectador de sus tendencias. Si surge una aversión a ese sentimiento, asimismo será usted veedor del mismo. Si la aversión le provoca a su vez aversión, también observará dicho bucle de fuerzas internas. No hay nada que hacer, pero si surge un hacer, lo presenciará en calma. Al entender que todo ello no es “usted”, ya no rechazará sus aflicciones ni se complacerá en ellas.
Aquello que conoce ciertas cosas, no puede tener en su propia naturaleza ninguna de ellas. Es decir, que si por ejemplo, nuestro ojo fuese de color rojo, no sería capaz de percibir los objetos rojos. Asimismo el pez no es consciente del agua, hasta que salta a la superficie y se da cuenta. Hasta que no saltamos por encima de las mareas del pensamiento y lo observamos, no nos percatamos de que no “somos” el pensamiento, sino el Testigo que lo observa. Hasta que no saltemos fuera del océano de la aflicción, no nos daremos cuenta de que no somos la aflicción, sino el Testigo de esa aflicción. El problema está en que el que ve, se identifica con los instrumentos de la visión.
José María Doria, de su libro "Inteligencia del Alma"
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