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martes, 3 de enero de 2012

Silencio y Quietud

La gente suele imaginar que estar en silencio implica una ausencia de ruido, e intentan suprimir cualquier cosa que parezca interrumpir esa quietud. La quietud es, y estar aquietado es reconocer lo que siempre está aquietado, independientemente de los hechos o de los comentarios sobre los hechos. Incluso lo que parece ser ruido surge del silencio. Retorna a eso. Sé eso.

Qué sorpresa, esta quietud. En medio del torbellino, en medio de toda la actividad mental, hay quietud. En la apertura entre los pensamientos, hay quietud. Antes del pensamiento hay quietud. Después de los pensamientos hay quietud. Ningún pensamiento existe separado de la quietud.

Aquiétate. Saborea la quietud. Sé quien eres.

El reto consiste en reconocer esa quietud que siempre está presente. Compruébalo dirigiendo tu mente hacia  adentro en lugar de seguir su flujo hacia afuera. En lugar de esforzarte por detener el flujo externo de la mente, déjala descansar. Relájate.

Yo no soy "anti-intelecto", pero te sugiero que des un descanso a toda la actividad del pensamiento. Deja que la mente descanse en su fuente. Este descanso es nutritivo. El intelecto está ávido de verdadero alimento.

Al descansar, la conciencia individual se expande y se reconoce a sí misma como no separada del mar universal de conciencia. En la quietud no existe separación entre "mi mente" y la "conciencia". La separación sólo se experimenta cuando el pensamiento "mi mente"  se acepta como realidad. Aquiétate y observa.

Permanece abierto a lo desconocido, a tu propio ser, a tu verdadero ser, a tu ser eterno.

Abre tu mente. Permanece abierto a lo que es incondicionado, inimaginado, inesperado, innombrado. Abrir la mente provoca unas consecuencias maravillosas, pero no vayas en pos de esas consecuencias. Seguir a los objetos de la experiencia es la gran distracción de la mente.

Gangaji, de su libro "Tu eres eso".

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cuando nada es algo

Recientemente tuve una conversación con alguien que había pasado por un periodo de sufrimiento. Varias veces, durante nuestros encuentros, esa persona dijo: "Pero ya sé que no es nada. Entiendo que no es nada". Ésa es la verdad, no es nada, pero estaba claro que esa persona no había tomado verdadera conciencia de ello. Para evitar ese descubrimiento directo estaba usando este mantra: Ya sé que no es nada, que no importa; realmente no es nada, en realidad no está pasando nada. Éste es el peligro, tomar la verdad y filtrarla a través de la mente hasta que se convierta en otro mecanismo de defensa. Esto es algo que cabe esperar, de modo que mantente alerta a este peligro. Decir que el sufrimiento no es nada, o incluso recordar una experiencia en la que se reveló que no era nada, es inútil. Asume que es algo, asume que es real y después mira: ¿qué es?

La manera habitual de lidiar con la incomodidad, desde la más leve hasta la más extrema, es intentar esconderse o escapar de ella. Ese escape asume muchas formas distintas. Conoces bien esas formas. Generalmente hay un culpar. Culpas a otros por tus faltas, o por las faltas de otro, o por las del mundo. Hay justificación. Te inventas excusas por regodearte en el sufrimiento y en la negatividad. Das peso, preeminencia e importancia a la excusa. Hay una negación del sufrimiento. Actúas como si no pasara nada, entras en una especie de trance disociado y vas caminando por ahí como una piedra diciendo: "No me pasa nada".

Todas estas estrategias tienen su lugar en el desarrollo de la conciencia individual. A una mente inmadura le pueden ocurrir cosas que sean demasiado grandes para poder manejarlas y por eso se inventa estrategias para sobrellevarlas. No hay nada malo en ello. Son apropiadas en ciertos momentos y lugares. Pero cuando un individuo llega a un nivel de madurez particular, surge el deseo de conocer la verdad. El ansia de ver con claridad muestra la futilidad de todas las estrategias. La madurez descubre que no es posible escaparse encubriendo, negando, expresando descontroladamente o culpando. Uno reconoce que el sufrimiento evitado mediante las estrategias no hace sino agrandarse, porque intervienen más pensamientos, más historias y más emociones. En ese momento uno puede desilusionarse y sentirse incapaz de huir. Esta decepción es el comienzo del potencial que tiene la mente para abrirse y descubrir que es posible afrontar el sufrimiento plena y directamente. Si el padecimiento vuelve a aparecer, el reto consiste en afontarlo sin recordar lo ocurrido en el último encuentro con él. Afrontar el sufrimiento con mente abierta es sufrir conscientemente. Y ello es liberarse de la reacción de escapar. Cuando te liberas de la tendencia a huir, puedes darte cuenta, finalmente, de qué es realmente el sufrimiento.

En un verdadero encuentro se produce una explosión de amor, claridad y verdad. La esencia de uno mismo se revela de profesor a alumno, de amigo a amigo, de amante a amante, de padre a hijo, de mente a sufrimiento. Si empiezas a imaginarte qué te traerá el próximo encuentro, el verdadero encuentro se pierde, porque ahora es propiedad del pasado y la tendencia a evitar el sufrimiento empieza a enraizarse de nuevo. Al principio puede ser sutil y después, a medida que es fertilizada por la negación, la justificación, la culpa o la conceptualización de que no es nada, el sufrimiento se intensifica.

Este es el filo. Mientras haya un cuerpo funcionando y existiendo en este mundo aparente, habrá mente. No puede haber un cuerpo sin mente. Esa mente puede ser pacífica, abierta, sáttvica, acogedora, investigadora, o puede estar cerrada, disociada, ser una mente culpante y fabricadora de estrategias. En esta vida tenemos la oportunidad de decir la verdad sobre lo que está ocurriendo en la mente.

Debes ser consciente de la tendencia de la mente a tomar cualquier enseñanza y convertirla en otra estrategia, en otra excusa o en otro intento de escapar. No hay nada malo en eso. No es que esté equivocada o sea mala. Sólo está siguiendo su naturaleza. De hecho, esto es muy útil. Darte cuenta de esto te lleva a sentir humildad. Es el antídoto contra cualquier noción de arrogancia, superioridad o del intento de alcanzar algún lugar donde no puedas ser tocado. Cuando estás dispuesto a sentir y a decir: "He sido tocado por esto, duele, ¿qué es?", entonces verás lo que no puede ser tocado, pero no antes. Si es antes, es un truco de la mente, que es una gran especialista en todo tipo de ardides. Si te gusta el juego duro, entonces es una delicia. Evidentemente, te gusta recrearte estoicamente.

La vigilancia exigida es estar dispuesto a decir despiadadamente la verdad sobre la identificación. A decirla sobre cualquier historia que pase por la mente. Si hay emociones fuertes y continuas tienes que reconocer que se está contando una historia, aunque no seas consciente de su contenido. Tal vez sea subverbal. Tal vez no llegue a ser consciente, pero sigue habiendo cierta historia de sufrimiento y sobre un sufridor. Estando dispuesto a decir la verdad tienes la oportunidad de encontrarte con cualquiera de los dos. Ambos encuentros son autoindagación. Los dos revelan la inexistencia del sufrimiento y la inexistencia del sufridor. Pero esto sólo se desvela en un verdadero encuentro, no en un concepto. El concepto es simplemente un apoyo para creer en un sufridor que dice que no cree en el sufridor. Decir que no está pasando nada en realidad favorece que ese algo crezca todavía más.

Las emociones no son un problema. Las emociones forman parte de la textura de la vida. Enfado, miedo, pena y tristeza son como la meteorología cambiante. Pero la continuidad de cierta emoción a lo largo del tiempo indica que la mente está fabricándose cierta historia, con pensamientos sutiles o no tan sutiles, y que después va añadiendo otros sobre los primeros.

Éste es el desafío más complicado. Es un reto espiritual. Antes de esto, son simplemente ir tirando, mantenerse de una pieza, encontrar un escape. Éste es otro nivel de reto, y no es para encontrar una huida, no es mantenerse de una pieza, no es para hacer que todo sea tranquilo y seguro. Este desafío es nada menos que la invitación a la verdadera vigilancia.

Gangaji

martes, 31 de mayo de 2011

Las Emociones, por Gangaji

En mis reuniones con la gente, durante estos pasados seis años, he descubierto algunas preguntas que se repiten. Yo diría que la pregunta más frecuente tiene que ver con las emociones, de cómo deshacernos o liberarnos de las emociones difíciles, como pueden ser la ira y el dolor y de cómo conseguir más emociones agradables, como la alegría, la felicidad.

En nuestra psicología occidental, nos enseñan de muchas maneras diferentes, pero, normalmente, nuestras estrategias se dirigen a, o bien reprimir las emociones negativas, o bien expresar las emociones negativas, con la esperanza de que van a ser liberadas o apartadas a un lado.

Finalmente, ninguna de estas dos formas refleja la verdad de aquello que realmente eres y que permanece no afectado por ninguna emoción. Mi sugerencia es no reprimir ninguna emoción ni expresar ninguna emoción. No hablo de esto como una técnica, está claro que hay veces que es absolutamente apropiado reprimir una emoción, de la misma forma que hay veces que es absolutamente apropiado expresar una emoción. Pero, en este momento, en este momento de verdad, existe la oportunidad de ver, cuando una emoción no se reprime ni se expresa, cuál es el encuentro con la emoción. A esto es a lo que yo llamo una experiencia directa.

Si no negamos esas llamadas “emociones difíciles”, como la ira, el dolor, o el miedo, la tristeza… no negándolas ni revolcándonos en ellas, entonces no puede existir ninguna historia acerca de ellas, no puede haber ninguna historia sobre a quién le está pasando, por qué está pasando y por qué no debería estar pasando, y quién es el responsable, a quién hay que culpar y cómo deshacernos de ella, y qué hay que hacer después.

Por ejemplo, cuando alguien se siente irritado, la tendencia normal es hacer algo para deshacernos de esa irritación. O encontrar algo o alguien a quien culpar como la causa, sea uno mismo o sea otra persona, o, en qué es lo que comimos o cómo el padre crió al hijo. Estas son todas historias alrededor de la irritación. La verdad es que es posible no hacer nada con la irritación. No empujarla fuera de la conciencia, no deshacernos de ella, sino, simplemente, en ese momento, estar completamente, totalmente, libremente, irritados. Sin verbalizada, sin dejarla escondida, simplemente, estando irritados. En general, eso, de hecho, revelará algo más profundo que la irritación. La irritación quizá estaba en la superficie… podría ser que bajo la irritación, pudiéramos encontrar algún miedo, algún miedo invisible, algún miedo subconsciente, no para deshacernos de él, no para analizarlo, sino para experimentarlo directamente. Es decir, en el momento en que, quizá, nos encontramos con el miedo, ser completamente, absolutamente miedosos. Este es un gran reto. Es miedo que mantenemos lejos, y, por supuesto, en el intento de mantenerlo lejos, el miedo se hace más grande. Y se acerca cada vez más.

Lo que estoy sugiriendo es que puedes, de hecho, abrirte al miedo, puedes realmente, experimentar, estar asustado, sin ninguna necesidad de preguntarte, asustado, ¿de qué?, sin necesidad de seguir ningún pensamiento tipo: “pero si… realmente lo experimento…”. Experimentarlo realmente. Simplemente experimentarlo. Entonces, quizá, se revela una emoción todavía más profunda, quizá gran tristeza, o una herida. Esto también puede ser directamente, completamente experimentado, sin ninguna necesidad de historia de base. Si estás dispuesto a experimentar estas capas emocionales, al final, te aproximarás a un profundo abismo, o a lo que le parece a la mente que es un gran abismo, o incluso un agujero negro.

Esto es lo que la mente percibe como la nada, como el vacío, como “no ser nadie”. Este es un momento muy importante. Estar dispuesto a no ser absolutamente nada ni nadie, es estar dispuesto a ser libre. Es reconocer, en verdad, qué es lo que significa ese “no ser nadie”, esa nada, y todos esos otros estados emocionales son capas de defensa contra esta experiencia. Es esta experiencia la que es la experiencia de la muerte a la que conduce o nos revela la verdadera auto indagación.

Una vez que las defensas han caído, una vez que la puerta está abierta, entonces nos reunimos plenamente con esa nada de la que la mente ha estado huyendo. Y esa nada, en esa reunión, nos revela la secreta gema de la verdad que ha estado escondida dentro de tu propio bolsillo durante todo este tiempo.

Repito, estando dispuesto a experimentar directamente lo que sea que aparezca, en este caso, una emoción difícil, tenemos la oportunidad de una directa auto indagación, tenemos la oportunidad de no hacer lo que hacemos normalmente, como contarnos una historia sobre yo y mi emoción, sino en lugar de eso, simplemente descubrir la ira, el dolor, la tristeza, el miedo, directamente, sin ningún movimiento.

Tengo que decirte que es un gran descubrimiento. Y también tengo que decirte que lo tienes que descubrir por ti mismo. Es muy fácil escuchar a alguien que dice, “oh!, simplemente experiméntalo”, y de hecho esto es lo que yo estoy diciendo, simplemente experiméntalo, simplemente experiméntalo completamente, profundamente y entonces descubrirás que en el centro de cualquier estado emocional, está la misma conciencia prístina reuniéndose con sí misma como experimentador y experimentado. Eres tú quien tiene que descubrir esto.

Me encanta animarte con mis palabras, pero eres tú quien debe tener este descubrimiento directo, de primera mano, para que puedas libertarte de escapar de los llamados estados negativos y de correr hacia los llamados estados positivos. Para que puedas libertarte de aferrarte a lo que es inherentemente impermanente . Para que puedas ser libre para reunirte contigo mismo. Nada se reúne con Nada y se regocija en esa reunión. Se desborda en esa experiencia directa de la nada, sea esa nada emocional, sea esa nada mental, en particular el pensamiento mental “yo”, o “yo soy el cuerpo”, o dándose cuenta de que esa nada es circunstancial, algún acontecimiento.

Es decir, cualquier cosa que se presente de forma consciente, se puede encontrar plenamente con la conciencia, sin ninguna necesidad de esconderse bajo una historia sobre el acontecimiento, alrededor del acontecimiento, analizando el acontecimiento. La reunión es posible ahora. Todos los análisis, todas las historias, aunque de ninguna manera son incorrectas, nunca te llevarán a esa reunión. Esa reunión es libremente tuya. Porque es una reunión de tu propio yo, consigo mismo.

Gangaji
Fuente: Who are you? Disco 2. Pista nº 4

sábado, 5 de febrero de 2011

La Naturaleza de la Mente

Estoy leyendo un libro realmente hermoso y que se ha transformado en un amigo que visito cada noche antes de dormir. Siempre, siempre me brinda, me da, me ilumina, como solo puede ser cuando viene de la Presencia. El libro es de Gangaji, se llama "Tu Eres Eso". Les comparto algunas palabras.
En amor,
Vero

La Naturaleza de la Mente

Los pensamientos son olas en el océano de la conciencia. En general, nos concentramos en las olas y las consideramos la realidad. Por ello, experimentamos sufrimiento cuando una ola se acaba, o cuando una ola es más grande, o cuando una ola es algo que otra ola no es. En este sufrimiento, se olvida de dónde surgen esas olas, y de qué están compuestas.

La enseñanza de Ramana y Papaji es permitir que los pensamientos se detengan. Aquiétate. Quédate quieto. En la quietud, la inmensidad de lo que es existe antes del pensamiento, antes de la ola, así como después de todo pensamiento, después de todas las olas, y se reconoce en su infinitud.

Sólo nos damos cuenta de nuestras ataduras porque prestamos atención a esos pensamientos que se piensan y se vuelven a pensar, y después se consideran la realidad. Los pensamientos mismos no son sino impulsos eléctricos, ondas, realidad limitada. Sin embargo, estos impulsos eléctricos, estas ondas, esta realidad limitada, no dejan de ser uno con la realidad absoluta e ilimitada.

La conciencia individual siempre es una con la conciencia pura e ilimitada. Lleva la atención más allá de la ola y te darás cuenta de la existencia del océano. Reorienta la atención hacia la ola y dime, ¿adónde se ha ido el océano? ¿No está siempre presente, con o sin olas? ¿No está la conciencia siempre presente, con o sin objeto? (pensamiento)?

Gangaji
Tu Eres Eso
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