jueves, 8 de noviembre de 2012

La Iluminación - Ser Espacio


Nada se interpone en nuestro camino, pero la mayoría de nosotros tendemos a abrirnos en forma gradual, por etapas. Tendemos a ascender en ciclos de emoción: después de cada estallido eufórico de comprensión, podemos tropezar con un tipo nuevo  y diferente de negatividad, que es lo que ahora debemos aprender a amar.

Pero mientras más te elevas, más fácil resulta seguir.

La experiencia de conciencia total, de ser espacio, no significa el estar consciente en ese momento de cada detalle del universo, de toda posible relación entre entidades  limitadas y apartadas. Ser espacio es una disposición a estar totalmente consciente de todo lo concebible. Significa que no presentamos resistencia, que no negamos ningún concepto o relación.

Así, por tanto, para lograr la iluminación no necesitamos reunir ningún conjunto específico de ideas o experiencias, virtudes o sufrimientos. Todo lo que existe puede ser experimentado con una conciencia totalmente expandida.

Independientemente de la forma en que hayas limitado tu percepción, tu darte cuenta, eres un ser libre que se autodetermina. Ningún otro ser vivo, ni agrupación de seres vivos, puede controlar tu nivel de vibración. De modo que no hay nada en el universo - especialmente en su aspecto físico - que pueda oponerse a tu libre arbitrio. Eso significa que el mundo físico no tiene absolutamente ningún poder sobre ti; no te tienta, no te pervierte, no te corrompe, no se interpone en el camino de tu iluminación, no te hace absolutamente nada.

Tú eres el único causante de tu nivel de existencia.
Tu condición interna nunca se halla programada.

La experiencia de ser forzado o controlado, en contra de tu voluntad, puede presentarse sólo cuando te densificas, cuando contraes tu capacidad de darte cuenta.

Nuestra realidad, en cualquier nivel, está formada por aquellos seres conscientes y únicos que percibimos como vivos, y el proceso de la iluminación es la expansión de nuestra comprensión a otros seres, hasta que experimentamos todas las cosas como una interacción viva.

Mientras más rehuyamos el amar a otros seres, más tendremos que enfrentarnos al mundo físico, más nos obsesionamos con la masa. Por otra parte, mientras más nos abrimos a nuestros hermanos y hermanas, menos sólido se nos presenta el mundo.

La iluminación es cualquier experiencia de expandir nuestra conciencia más allá de sus actuales límites.

Thaddeus Golas Manual de su libro "Iluminación para Holgazanes"

jueves, 1 de noviembre de 2012

Sentir el Cuerpo Interior


Aunque la identificación con el cuerpo es una de las formas básicas del ego, por fortuna es también lo más fácil de superar. Esto no lo lograrás intentando convencerte de que no eres tu cuerpo, sino desviando la atención de la forma externa del cuerpo y de los pensamientos acerca de tu cuerpo - bello, feo, fuerte, débil, demasiado gordo, demasiado delgado, a la sensación de vida que hay en su interior. Sea cual sea la pariencia de tu cuerpo en el nivel exterior, por debajo de la forma externa hay un campo de energía intensamente vivo.

Si no estás familiarizado con la conciencia del " cuerpo interior ", cierra 
los ojos un momento y averigua si hay vida dentro de tus manos. No preguntes a tu mente, porque te dirá " yo no siento nada ". Probablemente, también dirá "Dame algo más interesante en que pensar ". Asi que, en lugar de preguntarle a la mente, ve directamente a las manos. Con esto me refiero a hacerte consciente de la sutil sensación de vida que hay dentro de ellas.

Está ahí, solo tienes que llegar ahí con tu atención para notarlo. Puede que 
al principio sientas una ligera sensación de picor, y después una sensación de energía o de vida. Si mantienes la atención en las manos durante un rato, la sensación de vida se intensificará. Algunas personas ni siquiera tienen que cerrar los ojos. Son capaces de sentir " sus manos interiores " al mismo tiempo que leen esto. Pasa después a los pies, mantén la atención en ellos durante un minuto, y empieza a sentir las manos y los pies al mismo tiempo.

A continuación, incorpora otras partes del cuerpo- piernas, brazos, abdomen, 
pecho...A esta sensación, hasta que seas consciente del cuerpo interior como una sensación global de la vida. Lo que yo llamo "el cuerpo interior" no es en realidad el cuerpo, sino la energía vital, el puente entre la forma y la no forma. Adopta la costumbre de sentir el cuerpo interior tan frecuentemente como puedas. Al cabo de un tiempo, ya no necesitarás cerrar los ojos para sentirlo. Cuando estás en contacto con el cuerpo interior, ya no te identificas con tu cuerpo ni te identificas con tu mente. Ya no estás identificado con la forma, sino apartándote de la identificación con la forma para acercarte a la no forma, pero también podríamos llamar El Ser. 

Esta es tu identidad esencial. La conciencia del cuerpo interior no solo te 
ancla en el momento presente; es también una puerta para salir de la prisión
que es el ego. Y también refuerza el sistema inmunitario y la capacidad de autocuración del cuerpo.

Eckhart Tolle

jueves, 11 de octubre de 2012

Acabar con la guerra a la mente


Yo procedía de la tradición budista zen, y esta tradición cuenta con una larga historia, cuya práctica principal es la meditación. En zen generalmente meditas varias horas al día en la postura sentada, durante un período de tiempo prescrito. Tras practicar este estilo de meditación durante muchos años, descubrí que esta práctica no se me daba muy bien. Creo que muchos de los meditadores noveles creen que la meditación no se les de muy bien (tienen la mente agitada, desean rascarse el cuerpo y experimentan grandes dificultades para calmarse y quedarse quietos). La experiencia de la meditación me resultó muy difícil desde el principio. Y veo que eso mismo le ocurre a mucha gente.

Yo me sentaba a meditar en mi casa y en retiros. En casa dedicaba a la meditación media hora o una hora al día, a veces más. También participaba en retiros y entonces meditaba durante periodos de tiempo mucho más largos. En realidad, mi meditación era casi siempre cualquier cosa menos meditación. Excepto durante unos mágicos instantes en los que la meditación aparentemente acontecía sin más, mi meditación me suponía una gran lucha, un gran esfuerzo para poder (sin gran éxito) calmar la mente, controlar los pensamientos y quedarme quieto. Como no conté con un don particular para meditar desde el principio (para poder controlar la mente y entrar en estado meditativo), al cabo de unos años comprendí que tenía que buscar otra forma de meditar. Era evidente que el método que estaba utilizando no me funcionaba. Entonces comencé a investigar en lo que denomino Meditación Auténtica.


Un día estaba hablando con mi maestra y ésta me dijo: "Si tu intención es ganarle la guerra a la mente, seguirás en guerra eternamente". Esto me sorprendió mucho. En ese momento me di cuenta de que hasta entonces había entendido la meditación como una batalla contra la mente. Intentaba controlarla, pacificarla, dejarla tranquila. De repente pensé: "Dios mío, eternamente es muchísimo tiempo. Tengo que encontrar otra forma de entender la meditación". Si ese camino implicaba seguir en guerra con la mente por tiempo indefinido, debía encontrar la manera de acabar con esa guerra. Sin apenas darme cuenta, empecé a investigar, silenciosa y profundamente, qué pasaría si dejase de estar en guerra con la mente, con lo que sentía, con la totalidad de mi experiencia humana.


Empecé a meditar de varias formas. Me olvidé de mi concepto sobre la meditación. Mi mente tenía muchos pensamientos acerca de la meditación. La meditación era aparentemente pacífica; debía sentirme de una determinada forma, mayormente calmada. Se supone que la meditación debía llevarme hacia un profundo estado del ser. Pero como era incapaz de dominar la técnica de la meditación tal y como me la estaban ensañando, me vi obligado a descubrir otra forma de meditar, una que no se basase en ninguna técnica. Así que yo me sentaba a meditar y dejaba que mi experiencia se limitase a ser, en lo más profundo. Empecé a dejar de intentar controlar la experiencia. Así fue como comencé a descubrir por mí mismo la Meditación Auténtica. A partir de ese momento, este giro (dar el paso de intentar perfeccionar una técnica o disciplina a librarme de cualquier técnica o disciplina) empezó a conformar mi forma de meditar.


Adyashanti 
(de su libro "Meditación Auténtica")

viernes, 21 de septiembre de 2012

La Sabia Voz Interior

TS: Dices que a los veinticinco años, cuando experimentaste lo que denominas tu "primer despertar", escuchaste una voz que decía "sigue adelante, sigue adelante". ¿Qué era esa voz? ¿La llamarías conciencia o la pequeña y serena voz interior?

Adyashanti: Puedes llamarla por cualquiera de esos nombres.


TS: Si cada uno de nosotros tuviera ese tipo de voz interior, parece que ella impediría que convirtiéramos nuestras realizaciones en un juego de poder. Tu oíste esa voz que decía que tu realización no era completa, pero ¿tenemos todos una voz interior de ese tipo?


Adya: En cierto sentido yo diría que si. En definitiva todos somos lo mismo, de modo que todos tenemos acceso a las mismas capacidades. Sin embargo, relativamente, la cuestión es si todo el mundo oye su voz interior. Aparentemente, no todo el mundo la oye.


¿Qué es esa voz sabia? Es hacia lo que apunto cuando hablo de sinceridad. Es la inteligencia interna que nos mantiene en la pista correcta, la inteligencia que nos mantiene alineados. En cierto sentido pienso que casi todo el mundo ha experimentado esa pequeña voz serena. Suelo poner el ejemplo de cuando salimos con un hombre o con una mujer y la cosa acaba mal. Algo dentro de nosotros dice "no vuelvas a hacer eso". Pero después conocemos a otra persona y no escuchamos la voz. Nos sentimos atraídos, esa persona es sexy, y queremos estar con él o ella. Al final descubrimos que la pequeña voz estaba en lo cierto. No deberíamos haber seguido saliendo con esa persona. Finalmente, todo se colapsa, y descubrimos que la pequeña voz serena tenía la razón.


De modo que esa voz no es mística. Creo que la mayoría de la gente la ha escuchado alguna vez. Pero la descartamos con mucha facilidad. Queremos que se justifique a sí misma, que nos diga por qué. Uno de los mejores indicadores de que la voz interior es auténtica y sincera es que nunca se justifica. Si le preguntas: "¿por qué?", se quedará en silencio. Si le pides que se explique no lo hará. No necesita justificarse, y no lo hace. 


Si hablas con el ego y le preguntas "¿por qué?", él te responderá. Si le preguntas al ego, "¿significa eso que todo va a ir bien?", él te dirá que sí. Pero esa pequeña voz conlleva cierta inseguridad inherente. No ofrece garantías. La voz es un regalo. O bien la escuchamos o bien no.


Adyashanti, de su libro "El Final de tu Mundo".

martes, 18 de septiembre de 2012

Amor


Amar a un ser humano es ayudarle a ser libre. Ramayat

¿Qué mejor ofrenda hacia alguien que amamos que apoyar su libertad?, ¿de qué clase de libertad se trata?, ¿acaso de una libertad superficial que le permita hacer lo que nos molesta porque decimos que no nos importa?, ¿o más bi
en se trata de facilitar la liberación de las ataduras, posibilitando su éxito e independencia?

Cuando tratamos soterradamente de que nuestros seres queridos nos “necesiten”, lo que estamos es anulando su autonomía y su independencia. La “necesidad” de algo o alguien es un estado mental que priva de opciones y señala esclavitud y dependencia. Si en vez de manipular, para que nuestro ser amado nos “necesite”, logramos que nos “prefiera”, o simplemente que nos “elija”, estaremos dando un gran paso, el paso que va de la atadura a una voluntad libre que opta.


A menudo, y para asegurar que se nos quiera, ayudamos dando un pez cada día, en vez de entregar una caña de pescar completa. Sucede que, en nombre de la ayuda manipuladora, nos hacemos indispensables al otro para que no pueda ganarse la vida y vuele por su propia cuenta. Una manera muy sutil de enredar a una persona y hacerla orbitar a nuestro alrededor de forma parásita.


En realidad, el sentimiento noble tiene más que ver con el ofrecimiento de autonomía y desarrollo que con el propio mantenimiento de posiciones privilegiadas. La esclavitud habla de ignorancia y por ello, cuanto más conocimiento e información ofrece uno, más libertad regala. El conocimiento permite tomar decisiones bien informadas y aumentar nuestra prosperidad, mientras nos desenganchamos de dependencias pasadas. El desarrollo personal permite gestionar nuestra vida y hacer cesar el sufrimiento que produce la ignorancia. ¿Cabe mejor ofrenda?


El conocimiento de una persona no se basa en simples datos, sino en algo más integral que libera al ser humano, tanto de la escasez como de sus propias miserias. El desarrollo de la inteligencia y el cultivo del alma propician una confianza que no se basa en la presencia de nadie en concreto, ni en nada a lo que uno se aferra. Cuando trabajamos nuestro interior, sabemos que nadie nos va a regalar la felicidad, sino que más bien depende de la relación con uno mismo y la amplitud de consciencia alcanzada. Se trata de una transformación hacia la libertad que no tiene tanto que ver con la ausencia de cadenas externas, como con la maduración y sentimiento de trascendencia.


Si se apoya a todo ser humano en el desarrollo de su mente y en el cultivo de la sensibilidad interna, se dispondrá de más opciones para lograr el bienestar y la paz duradera. ¿Acaso existe mejor regalo que aprender a generar la dicha propia?, ¿cabe mejor ofrenda a los seres que uno ama?


Facilitar el método y la energía al ser que comparte nuestras horas, es una forma de amar que no sólo dota de posibilidades, sino de todo un mapa para desplegar ideas más amplias y liberadoras. Cuando una persona se abre a la expansión que ofrecemos con nuestro abrazo del alma, recibe un regalo sin precio. Recibe el código de la salida del miedo y las claves del despertar de su consciencia. Amar es compartir la medicina que nos ha liberado y ofrecer aquello que nos dio más poder y templanza. Amar es regalar la llama que un día se encendió en lo alto de la montaña y compartirla  en conversaciones cotidianas.


José María Doria, de su libro "Inteligencia del Alma"

sábado, 1 de septiembre de 2012

El Condicionamiento


Se ha escrito mucho sobre el condicionamiento humano y sobre la necesidad de superarlo. Hay quien cree que para vivir una vida despierta debemos ir más allá de todo condicionamiento. Esta idea puede crear tensión y hacer que uno sienta que no es capaz de lograrlo. Estoy seguro de que debe de haber algunas personas, quizá muchas, que simplemente se dan por vencidas y creen que el despertar está reservado a quienes tienen un control sobrehumano de sus vidas. No es verdad.

Es muy importante comprender que el condicionamiento es lo que ha creado el equívoco que ha provocado la separación entre el ego y el resto de la vida. Si no vemos el problema claramente, es mucho menos probable que podamos despertar. Los seres humanos llevamos en nuestras cabezas muchos condicionamientos que no significan nada.


En cierto sentido, todo lo que hacemos es, de un modo u otro, una forma de condicionamiento. Nuestra manera de vestir, lo que comemos, dónde preferimos vivir y un millón de cosas más pueden verse como condicionamientos, pero esos condicionamientos no son el problema. El único problema real es esa parte de nuestro condicionamiento que hace que pensemos continuamente que, de algún modo, somos especiales, o no especiales, o que odiamos a esta o aquella persona, a este o aquel grupo, y todos los demás disparates

creados por la comprensión errónea que nos ha llevado a este estado de hipnosis que vemos como «ego».

Cuando vemos claramente este proceso, empezamos a salir de la visión limitada de la realidad. Estamos objetivando aquello que ha objetivado todo lo demás en nuestras vidas. Con el tiempo, veremos que no existe eso que llamamos ego. Cuando despertemos profundamente a este hecho y no sólo lo aceptemos intelectualmente, ya no estaremos atrapados en juegos mentales como la religión, el racismo, el odio, el nacionalismo, etc. Nos convertiremos en seres nuevos. Descubriremos nuestra identidad con toda la Vida; nos transformaremos en algo divino. En realidad ya lo somos en este preciso instante. No podríamos ser otra cosa.


Lo único en que tienes que centrarte es en poner fin a ese condicionamiento. No imponiéndote una práctica, sino simplemente observando cómo funciona tu mente. En este proceso tenemos que ser muy honestos con nosotros mismos. No te limites a aceptar lo que estoy diciendo. Descubre por ti mismo si es verdad o no. Observa tus reacciones en cada situación en la que te encuentres. Observa cuán protectora es la mente con su identidad. Observa cómo queremos proteger esas cosas que nos dan una sensación de seguridad, con las que nos podemos identificar y que respaldan la creencia en nuestra identidad. Observa cómo cuando nuestra imagen de nosotros mismos es cuestionada aparece el enfado.


Realmente observa y fíjate si cuando decimos que amamos a alguien es verdad. Pregúntate lo que significa para ti morir. ¿Qué es lo que teme a la muerte? ¿Es el cuerpo o es la identidad? Al principio, te parecerá que esto supone un gran esfuerzo, pero con el tiempo se convertirá en un puro observar lo que está ocurriendo, sin hacer caso de ningún condicionamiento. Esto continuará incluso mientras el cuerpo duerme. Se puede aprender mucho de los sueños.


No te preocupes por los pequeños problemas del condicionamiento. Muy pronto se resolverán solos. Preocupándonos por pequeñeces, podemos hacer que el proceso del ego se prolongue más tiempo del necesario. Del mismo modo, si nos castigamos por algo que detestamos vernos hacer, no haremos más que mantener vivo al ego, en la forma de un juez que dice que debe superarse eso. Limítate a observar al ego en acción. El ego es una actividad del pasado. El pasado nunca es real, y tampoco lo es el ego.


Melvyn Wartella, de su libro "Ego, Evolución e Iluminación"

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